Está claro que aquel que gana una cantidad de dinero muy por encima del coste real del producto que vende, no quiere perder dicho status, por muy absurdos que sean sus objetivos. Ese es el caso de la industria cultural que no quiere perder su posición de privilegio en cuanto a conseguir un máximo beneficio de su producto, así como los vendedores del mismo. Cuando miramos el mundo editorial, nos encontramos con el hecho constatado que de los 20€ que podemos pagar por un libro, un máximo de un 10% es entregado al autor por cada obra vendida, siendo el resto de dinero repartido entre editorial, vendedor final, manufacturación del producto y logística. La excusa hasta ahora ha sido que los costes de impresión y puesta en tienda del producto eran muy altos y justificaban los altos precios. Pero cuando el mundo editorial ve que aterriza ante ellos la amenaza de un nuevo producto que no es capaz de comprender (el libro electrónico) lo que quiere es adaptarlo a su... ...
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