Ley Sinde aprobada por el PP… ¿es necesario o hay otra manera?

By | diciembre 31, 2011 at 1:08 am | No comments | Destacadas, Opinión, Tecnología | Tags: ,

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El nuevo Gobierno electo del Partido Popular, ha aprobado el reglamento de la Disposición Final Segunda de la Ley de Economía Sostenible, o la conocida por todos como “Ley Sinde”. Mi postura ante ella es clara: estoy en contra. ¿Por qué? No, no apoyo la piratería, al contrario, creo que es un mal endémico de la sociedad que debería erradicarse. Un mal basado en no valorar el trabajo de un sector (o varios de ellos), creyéndose en el derecho de obtener un producto sin compensar económicamente por él. Pero no me parece que esta Ley, tal como está planteada, sea una solución para la misma.

Legalmente, esta podría usarse para más cosas que no son estrictamente la lucha contra la piratería, permitiendo la censura de cualquier medio de comunicación en internet e intentar poner cortapisas a la libertad de expresión. Técnicamente, es un reglamento aprobado por gente sin conocimiento técnico, que no ve que a 1 página cerrada, se abrirán otras 10. Gente que no entiende que la piratería empezó con los equipos de doble pletina, los dos magnetoscopios VHS enchufados por euroconector o el tráfico de disquettes entre amigos hace muchos años. Que esta pasó por BBSs internacionales de intercambio de contenidos en la etapa pre-internet y una vez se popularizó la Red de Redes, comenzó con las redes P2P, las que ahora están casi extintas por el uso de servidores de descarga directa. Pero el día de mañana podrían ser foros cerrados de usuarios o incluso discos duros virtuales que pongan contenido protegido a disposición de cualquier usuario invitado en dicho servicio (como ya sucede con obras literarias). La piratería siempre encontrará una manera de aflorar e irá varios pasos por delante del resto.

La compensación económica de los diferentes modelos de negocio

¿Hasta que punto es justo compensar económicamente por una obra cultural? ¿Es correcto que paguemos por una naranja, pero luego tengamos que compensar cada vez que cogemos un gajo de la misma o le demos uno a un amigo para que la saboree? Es decir, ¿es lógico pagar más de una vez por usar o disfrutar una obra? La respuesta debería ser clara y estar basada en el medio, pues no se debería pagar más de una vez por un producto y medio de adquisición.

¿Es la piratería un mal endémico para todos los sectores culturales o solamente lo es para algunos que no tienen otro medio de obtener una compensación por su esfuerzo más que la venta directa? Muchas veces se comparan las diferentes piraterías culturales, pero no podemos mirarlas bajo el mismo prisma. La realidad es que un autor que ve pirateada su música, obtiene una publicidad gratuita de la misma que luego lleva a determinadas personas a conocer su obra (que no hubieran conocido por otros medios) y a pagar una entrada por ver a este artista en concierto. De hecho, los artistas que pretenden darse a conocer en el mercado, suelen regalar su música y sus ingresos en ventas son realmente mínimos: viven gracias a sus conciertos y a que su música se conozca. Esto es exactamente igual a todos los niveles. Está claro que artistas de talla como Alejandro Sanz, David Bisbal o Celine Dion ganan mucho dinero con los discos que venden, pero les garantizo que ganan muchísimo más por las giras y conciertos que dan, y es lo que realmente les hace tener el estatus económico que tienen.

De igual forma, el cine tiene varias formas de explotarse, en el propio cine, mediante la emisión por medios audiovisuales, alquiler o venta en diferentes formatos… Hay varios estudios que demuestran cómo curiosamente las películas más pirateadas son también las más vendidas o las que tienen mayor taquilla en su exhibición. No podemos creer que alguien que baja una película para verla en casa es una taquilla o venta menos: es solo consumo, y si hubiera un canal competitivo y accesible, se usaría este en lugar de los actuales ilegales, como pasa en otros países. En el caso de las series de TV tenemos algo parecido: el boom de su venta, que las hace rentables en muchos casos, se debe a su proliferación en el llamado mundo ilegal. Pero dicho “mundo ilegal” es quien ha convertido en series de culto a Lost, Battlestar Galactica, Los Soprano o tantas y tantas otras, que luego dan sus beneficios en ventas. Un canal de consumo similar al del cine, daría un mercado y una salida mucho más real a productos que hoy día dependen de unos datos de audiencia cada vez más irreales y viciados.

Entonces, ¿por qué se aprueba una Ley Sinde que pretende castigar a quien proporciona el contenido sin el consentimiento de los propietarios de los derechos? ¿Es esa la solución, destruir el medio alternativo y no legal para conservar el actual, injusto y decadente? ¿Por qué a nadie se le ha ocurrido que la solución es crear un medio legal para proporcionar contenidos? ¿A nadie se le ha ocurrido hacer un seriesyonkis legal? Como si fuera un Spotify, se cobra una tarifa plana y listo. Pero claro, los participantes que quieren comer de dicho pastel (los que no crean pero explotan al creador), uno, nunca se pondrán de acuerdo y dos, siempre querrán más trozo del pastel. El problema es que la industria cultural es voraz, quiere cada vez más beneficios y tiene supravalorado el valor de su producto, así como bajo su yugo a los artistas que si dicen lo contrario a lo que ellos quieren, pueden ver su carrera desaparecer sin remedio. La realidad, es que el medio por el que el autor llega hasta su público, ha cambiado gracias a internet. La industria NO ES necesaria (al menos, no tanto como antes), pero quiere seguir siéndolo y que su estructura de negocio donde los vendedores, productores e intermediarios son los mayores beneficiados (no así los autores) no varíe ni un solo ápice.

Problema educativo

La lucha real contra la piratería nunca podrá llegar a nada sino parte también de la educación. Hay muchísima gente que no ve que tenga que pagar por un contenido digital, aunque jamás se les ocurrirá colarse en el cine sin pagar. La descarga de un contenido digital lleva implícito el anonimato, y esto hace que las normas sociales que nos impiden salir de una tienda con una prenda sin pagar o comernos un paquete de galletas en el supermercado, normas básicas y civilizadas de convivencia, no se apliquen en muchos casos en el mundo digital donde no tenemos ni identidad ni consecuencias (o eso se cree).

Con un ordenador somos alguien frente a una pantalla al que nadie ve, y sobre todo, estamos obteniendo algo que al no ser tangible, no se valora en su justa medida como un trabajo realizado. ¿Alguien valora un juego de un iPhone a 0’79€ cuando se lo baja gratuito de una forma no legal? No. ¿Se valora un juego de 40€ que nos bajamos gratis? No. Pero sí se valora el entrar a una tienda de videojuegos física y robar de sus estanterías una copia del mismo. A efectos prácticos estamos hablando de lo mismo. El problema radica en la educación que nos permite valorar un contenido no tangible y el aplicar las mismas normas básicas cívicas que tenemos en nuestra vida normal, en la vida virtual. Mientras sigamos viendo coherente pagar 4€ por un café con nata, 15€ por un menú o 100€ por un bolso, pero un juego que requiere meses de trabajo y que cuesta 5€ nos parezca caro y que no hay por qué pagarlo… esto no tendrá solución. Mientras no valoremos aquello que obtenemos de manera no tangible, no daremos el primer paso.

Y esto es independiente de la dialéctica sobre si la piratería es positiva o no para modelos como la música, las películas o las aplicaciones y juegos. Lo importante es que cuando tengamos un modelo de negocio competitivo a nuestra disposición para disfrutar de contenidos musicales, fílmicos, software y demás, estemos dispuestos a pagar por él o sigamos defendiendo (como mucha gente) el todo gratis. Una persona amante de la música, que escuche esta durante todo el día, no debería ni plantearse si gastar 5€ al mes (o 10€ en uso con móviles) para disfrutar de la amplia librería de Spotify con total calidad. Es un auténtico regalo se mire como se mire. En el caso del software, estamos igual: de pronto tenemos juegos y aplicaciones de gran calidad a precios en su mayoría de entre 1 y 4€, precio asequible y accesible… pero si ni eso queremos pagar y seguimos prefiriendo el todo gratis, no estamos siendo justos con aquellos a los que seguimos en su trabajo.

En cuanto al software, hay que tener algo claro: piratear software es ilegal en España, no así música y cine que es derecho a copia privada y no constituye delito si no hay ánimo de lucro. Pero si hablamos de software profesional, ¿acaso no beneficia a Microsoft que Windows se piratee, o a Adobe el Photoshop? Los beneficia pues les permite imponer sus productos y obtener beneficios indirectos, así como gente formada gratuitamente en sus entornos o programas. Oracle, por ejemplo, permite la descarga de todo su software de manera gratuita. Podemos usarlo, trabajar con él, instalarlo… es en las licencias a clientes finales donde obtienen su beneficio y al ofrecer todo gratis a los productores, consiguen gente especializada en sus productos. Así mismo, Adobe nos permite alquilar licencias para realizar trabajos puntuales a precios asequibles y así obtiene beneficio del mercado pirata. O Apple que ofrece a un precio muy competitivo (239€) su software profesional de edición, al alcance de cualquier autónomo o pequeña empresa. Por lo tanto, podemos tener claro que la piratería ejerce una relación simbiótica con algunos modelos de negocio, mientras es destructiva en otros. Sería bueno tener en cuenta esta diferenciación.

Pero, igual que no debe haber ladrones en el lado de los clientes, no debería haber ladrones en el lado del vendedor. Y los hay y muchos. No se puede pretender cobrar 70€ por un juego novedad si en un país con un mercado competitivo y un poder adquisitivo superior al nuestro, el mismo juego (exactamente el mismo) cuesta casi la mitad de dicho precio (véase ejemplo ilustrativo entre FNAC y Play.com). Lo mismo se aplica a películas por 30€ en España y 10€ en otros países o discos musicales por 20€ aquí y 6€ en otros países. Si nosotros, como comprador individual podemos conseguir por mucho menos dicho producto y quien nos lo vende obtiene beneficio, pues sino no lo vendería… ¿qué beneficio obtiene la tienda física que lo vende en España?

Y puestos a ir más allá: ¿vale realmente un libro 25€ cuando a la editorial le cuesta menos de 1€ imprimirlo y ponerlo en tienda? (estimación real) Eso es robar. Y como tal, hay infinidad de productos que hoy día nos venden que no tienen su valor real sino un porcentaje inflado que ayudan a mantener negocios que nos roban día a día en nuestras narices y sin consentimiento. Productos que fuera de nuestras fronteras son más baratos o asequibles, incluso comprándolos allí y pagando gastos de envío individuales. Robo que solo beneficia a quien vende y en ningún caso a su autor, que percibe exactamente lo mismo por copia vendida. Esto tampoco debería permitirse. Igual que hay una Ley Sinde para intentar luchar contra la piratería, debería haber una Ley de Mercados, que permita regular los márgenes de beneficios en cada uno de los pasos que sigue un producto hasta llegar a su consumidor final, para que el reparto sea mucho más equitativo y los precios coherentes. A mi, me sigue pareciendo deleznable que un autor musical o literario no pueda aspirar ni a un 10% del beneficio neto de su obra. Es vergonzoso. Y no me hablen de capitalismo liberal, porque esa máquina devoradora ha demostrado su ineficiencia ampliamente, y ha dejado claro que el mejor modelo es aquel que lo regula. Modelo que aquellos que se enriquecen no quieren.

Posibles soluciones

Educación a valorar contenidos y modelos de negocio más justos. Esa para mi es la clave. Entender que esta nueva forma de adquirir productos no tangibles, también ha de ser valorada como cualquier otro producto que adquirimos de manera física, a través de una educación social que valore el esfuerzo y el trabajo de aquel que lo realiza. Entender que si dicho artista, programador o productor de contenido deja de obtener un beneficio económico que sustente su vida o negocio, tendrá que dejar de producirlo. Y entender las diferentes situaciones que se dan, desde pequeños productores que dependen más del producto a grandes productores que obtienen mayores beneficios, pero que luego repercuten en nosotros con nuevos productos de mejor facturación y mayor inversión. Todo ello, muy importante, en modelos de negocio justos que repartan el dinero de una manera más equitativa y cuyo pago nos sea cómodo y asequible a cualquier bolsillo que quiera disfrutar de dicho producto. Modelos de disfrute que con una compensación y formato, nos den todo el derecho a disfrutar del mismo.

Todo esto se consigue con, por ejemplo, modelos de negocio musical como el de Spotify que nos permite oír toda la música que queramos, y que luego a través de iTunes podamos comprar la canción que nos gusta. Es un modelo que funciona y hay pruebas empíricas al respecto. Un modelo que ofrezca películas o series en alquiler a precios competitivos, una especie de videoclub en casa, que nos ofrezca calidad y comodidad. Un modelo como NetFlix que ofrece una tarifa plana para disfrutar de una serie de contenidos de catálogo y unos precios coherentes para alquiler, todo con gran calidad. Es un modelo que funciona, y de nuevo hay pruebas empíricas al respecto. Un modelo literario como el que plantea ahora Amazon con el préstamo de libros: puedo ofrecer mi libro a un sistema de préstamos y medio millón de dólares mensuales serán repartidos entre los autores que se vayan prestando en ese servicio de manera equitativa. Si a eso le unimos que puedo comprar un libro, y prestárselo a alguien durante 2 semanas para que lo lea en su lector (sin pagar nada), tenemos modelos productivos que permiten dar mayor difusión a la cultura y que los autores, verdaderos artífices de la misma, pueden ejercer su derecho de vivir de una manera digna con aquello que crean. Modelos que permiten con herramientas como las redes sociales, que nuestro producto se de a conocer y la gente que quiera disfrutarlo pague un precio justo por él. Un precio que sea asequible a cualquier bolsillo y que permite al autor seguir creando obras y la necesaria difusión cultural que nos define. Nada más simple.

Algo, todo esto que he planteado, que va mucho más allá de querer acabar con una serie de páginas que ponen a disposición enlaces a contenido protegido por derechos de autor. Algo que se define como la redefinición del modelo de negocio de consumo cultural, para hacerlo más justo, mejor y preparado para el futuro.

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